Historias de jardín

JARDIN

Esta vez hemos ido de paseo por la ciudad y hemos visitado el jardín botánico. Muy colorido y bonito todo. Allí se nos ocurrió esta historia. Del todo ficticia, por supuesto. Esperamos que os guste. Ahí va:

Se deshojaba la margarita y refrescaba la rosa con el crisantemo mientras la dalia y los lirios hablaban con las camelias y el azafrán mataba el tiempo jugando con el gladiolo.

Entonces llegó la orquídea con el clavel, la azucena, un grupo de gardenias y un ficus. Venían de haber callejeado durante todo el día.

Los vio la buganvilla desde lo alto del muro mientras charlaba con los geranios.

¡Que escándalo!, dijeron las amapolas. ¡Ya verás cuando se enteren los rododendros!. Hasta los girasoles volvieron la mirada. ¡Tantas horas fuera del jardín!.

No hagáis el tulipán, dijo la begoña. Solo oís campanillas, pero no me seáis flor de lis, que la caléndula es la caléndula. Deberiais oler más los jazmines y no darle tanto al regaliz, dijo la hortensia en un tono burlón.

Las lilas sonrieron y entonces propusieron también ir a dar una vuelta fuera del jardín con la margarita, la magnolia y el crisantemo. También se unieron la rosa y las camelias. Se les añadió la flor de la pasión, la hortensia y después un alhelí.

Entonces aparecieron el tomillo, el diente de león y el potus, que venían despolinizados de cansancio tras irse de fiesta y les pidieron que esperaran un poco.

Está bien, les dijeron, pero no os subáis a la parra, que se hace tarde. La hiedra se subía por las paredes. ¡Que impresentables!.

Si estuviera aquí la petunia, ésto no pasaría, dijo el tupinambo. ¡Qué descontrol!. Aquí todo el mundo hace lo que quiere.

Aparecieron entonces la madreselva y la violeta, que venían de tomar unas manzanillas y también quisieron unirse al grupo.

Somos muchos. Va a ser un caos, dijo el perejil.

Ésto parece una selva en vez de un jardín, dijeron los nardos.

Y que tiene de malo la selva, dijo el aloe vera. Yo conozco un cocotero de allí y es muy simpático, añadió.

Pues yo una vez hablé con un nenúfar que vivía en un manglar y con una nolana y una rosa del desierto y eran muy agradables, dijo el poleo.

Y yo conocí a una jara de la estepa que era bien divertida, añadió la kentia.

Dejad de hablar, que va a ser la hora del riego y todavía estaremos aquí, exclamó la amarilis que también quería ir.

Tranquilidad, dijo la anémona.

Orden, por favor, gritó la flor de pascua.

Y si vamos tirando, propuso la alpinia.

Pues yo creo que es mejor no salir y dejarlo para mañana, dijo el hinojo.

Puede que sí, dijo la Grosella.

No tenemos visado de salida, dijeron los guisantes.

Cierto, nos jugamos el abono, manifestó el cáñamo.

A paseo os mandaba yo a todos, pero para siempre, dijo en tono burlón una bromelia mientras charlaba con el palo santo y un hibiscus a la sombra de un ciruelo.

¡Que desorden!. Todo ésto necesita una tila, le susurró la melisa a la flor del manzano.

Nos vamos o no nos vamos, dijo el sauco. Sí, pero todos juntos, dijo el bambú. No. Vamos en grupos, dijo la flor de almendro.

No estamos conformes, protestaron las Yucas.

Nos oponemos, dijeron los helechos.

Nos van a cortar a todos y a meter en uno de esos horribles jarrones, gritó el ciclamen.

Todo ésto me apena mucho. ¡Que tristeza tanto desacuerdo!, dijo el sauce.

No seas llorón, le contestó el roble, verás cómo, al final, llegan a un entendimiento.

Vaya griterío, refunfuñó el malhumorado ciprés, con lo tranquilo que yo estaría en un cementerio.

Por favor, no discutáis, que parecéis humanos, dijeron el orégano y las mimosas.

Habéis perdido tanto tiempo que ya es la hora del riego, dijeron el tronco de Brasil y el nogal.

Al ver tal enredadera, el olivo propuso que todos se reunieran en un centro. El romero las convenció para que se abrazaran haciendo un ramo. Entonces se les unieron el laurel y el muérdago y el abrazo se convirtió en beso.

Al contemplar la escena, unas palabras que pasaban por allí decidieron hacer lo mismo. Se abrazaron formando un ramo y, al besar, se convirtieron en piropo.

Historias de jardín, de ramos, de flores y de palabras.

Laúdes Lejanos.

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En el arpegio de un laúd

LAUD4

No somos nadie. Bueno, tampoco eso. Somos poca gente intentando ser humanos sin personificar. En escalada resbalando hacia el suelo e intentando mutuamente elevarnos el ánimo y la ánima. ¡Ay!, la ánima, esa temperatura incorpórea.

Unas veces, demasiado arpegiad@s y, otras, tocando los laúdes de los hombros donde nos sedimentamos afinando las cuerdas. Las nuestras. Es un decir.

En fin, un proyecto de algun@s iluminados con poquísimas luces y fanátic@s de la bohemia de quienes tienen debilidad por oximoronear.

Tocador@s del didgeridoo de una madrugada de bar y peluquer@s de las rastas, los rastros y los restos de cada uno de nuestros respectivos naufragios.

Un@s cuant@s incontables cuentistas.

¿Te cuentas con nosotr@s?.

¿Te encuentras con nosotr@s?.

Gracias por venir, por pasar o por quedarse. O por todo a la vez.

Laudes Lejanos.